Dame la mano, a oscuras, a ciegas. No sé tu nombre, tampoco es importante. No hace falta que sepas quién soy, sólo trátame como me merezco. Apártame los mechones de pelo que nublan mis ojos, quiero ver los tuyos. Bésame la mano, esta vez no dirás nada, no pensarás nada. Si has seguido bien las instrucciones, sólo querrás besarme.

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